jueves, 16 de abril de 2009

Tenemos las bolas bien llenas las nuestras

Parafraseando a Diego Arnedo le dedico el título a este artículo. Ya bastante me infla tener que publicarlo, y como si fuese poco, ocupa el inmerecido primer lugar de mis artículos en este arte de tener un blog.

El quid de la cuestión es la sensación de inseguridad. Los medios son el gran responsable de ésta, pero más insufribles son los medio pelo civiles que le hacen eco al llorisqueo corporativo.

Vayamos al punto. Un menor de 14 años mató a un hombre de 45 de un modo trágico y lamentable. Punto. Las causas son muchas, y tornarían insoportable el texto enumerarlas a todas, así que mejor dejemos que las analice un sociologo, que lo hace mejor que yo. Tampoco analicemos el hecho, porque rozaríamos lo inverosimil, y no aportaríamos en absoluto a la cuestión de fondo.

Mi preocupación pasa por nuestros comunicadores sociales masivos, y por su afán de ofrecer soluciones penales a todo conflicto social. No hace falta ser un erudito en derecho penal para comprender que ampliando el poder punitivo del estado los delitos no desaparecen, ni se atenuan, sino más bien todo lo contrario. Basta para sustentarlo, repasar las innumerables reformas que sufrió el códígo penal y el código procesal en los últimos 10 años -algunas llevadas a cabo por pseudo-ingenieros- todas ellas precedidas por una fuerte presión mediática que segun la ocasión y su interés circunstancial se apoyaban en distintos tópicos que eran tratados como una causa nacional (secuestros express, salideras bancarias, asaltos a colectiveros, menores delincuentes). Curiosamente, una vez aprobadas las leyes correspondientes que agravan las penas para esos hechos, los delitos desaparecen por arte de magia de la escensa pública(da), y uno nuevo, toma la posta en los medios. Así, explicado a los ponchazos, es como se destruye un sistema legal.

Ellos venden sangre, cuanta más muestren mejor. Jamás encontraremos un noticiero que refleje la pobreza, la polarización de la riqueza, la desocupación o la desigualdad, al mismo nivel que lo que insisten con la inseguridad. Es lógico que si a cada muerte que ocurre le ponemos un megáfono y rodeamos de microfonos a los familiares de la víctima, repitiendo las imagenes durantes dos o tres días como único tema de interés -sumado a la cantidad de opinólogos que reflexionarán al respecto con su mejor cara de indignados - la sociedad va a adquirir un temor evitable, creyendo que estamos todos sumergidos en una guerra social sin solución, y tornará su reclamo funcional al del dinosaurio Bernardo (que en paz no descanse) y al del topo Eduardo.

Por último, y a modo de prevenir preconceptos que ya aburren, no me mataron un padre, un hijo, un hermano, ni un canario. De modo tal, que no tengo la capacidad cerebral condicionada por el rencor y el resentimiento, y puedo pensar de un modo objetivo. Lo mismo, debe hacer el estado en estos casos. El día que una tragedia me toque de cerca, les prometo, escribiré como Susana Gimenez. Aclarado ésto, eviten contrarrestar mis ideas con este tipo de comodines berretas.

Hoy escuche una frase que decía que "el país es mejor que los medios". Que gran verdad. Salgamos a la calle, solo hay que perseguir la inseguridad de arriba, y no la de abajo.

2 comentarios:

  1. Saludo la aparición de este espacio, entre otras cosas porque une las ganas a la acción, cosa rara en estos días. Hay que aprovechar las herramientas que se tengan a mano, el poder mediático tiene el mazo entero...
    Saludos.
    El vasco

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  2. De seguro el artìculo que mas me impacto, serà porque de alguna manera somos parte de un sistema que es funcional a los medios y al poder politico. Haber asumido que somos nosotros quienes ponemos en practica aquellas desiciones basadas en una emergencia ficticia hace mi existencia cuasi insoportable, mis ideas dèbiles siendo triste ocupar ese sillon cada dìa. Desgraciadamente, comentarios poco felices como "que se vayan todos" o " el que mata tiene que morir" seguiràn resonando en los medios, moldeando la opinion de aquellos que logran escapar del clientelismo gubernamental, que desafortunadamente son bastante pocos.
    Sin embargo, y dejando mi pesimismo de lado, el poder expresar ideas, compartirlas, debatirlas, y asì tomar una opiniòn es el mejor remedio para estos tiempos. Jamàs llegaremos a fundar un Estado igualitario, sin discriminaciòn y carente de delitos, pero quizas, se abran algunas cabezas y se toquen algunos corazònes...

    Siempre lo dije, y lo seguirè diciendo, vales demasiado para pasar tus mañanas en camino negro y larroque.

    Te quiero.
    Abrazos y besos.
    Silve

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