sábado, 11 de septiembre de 2010

LA TELEVISIÓN ENFERMA

Supongamos que existe un canal de televisón X que transmite las 24 hs. del día. Supongamos también que dedica 7 u 8 horas por día al tema del sida. Por supuesto, no es el único espacio televisivo que se ocupa del asunto. En todos estos, al respecto, pasean y opinan pseudo-especialistas, víctimas, y por supuesto, los periodistas del propio canal. Todos ellos tienen la misma opinión. No existe la disidencia. De hecho, cada día que pasa tratan el tema más preocupados, como que el conflicto se agrava. A su vez, universalizan la cuestión; nos hecen creer que el sida es un mal que afecta a todos los habitantes del país, que nadie está exento de padecerlo, y que en otros países del mundo no pasa de modo tan generalizado como acá. De hecho, en otros países los casos de sida casi que ni existen, porque claro, ellos son países en serio.

Por otro lado, nos cuentan que el enemigo a vencer es el homosexual. El sujeto gay, es un ser peligroso que detenta un riesgo permanente para la ciudadanía de bien. Él es quien contagia, quien mata, y por eso contra éste no puede haber piedad.

Tenemos el problema descripto, encontramos un enemigo a vencer, solo falta la cura. Para ello, los pseudo especialistas, las víctimas, y los periodistas, nos sugieren una píldora que termina con el problema. Aunque no lo mencionen, la misma no es nueva ni novedosa, y cuesta una fortuna. No obstante la recomiendan. De todos modos, son los médicos los que deben recetarla, y quienes no lo hagan, pasan a ser enemigos públicos del canal y de la sociedad bien pensante.

Hay varios problemas que, en su afán por vender más pildoras y por generar más dependencia mediática a la comunidad, el canal no nos cuenta. La píldora es un fracaso histórico. No sólo no cura, sino que empeora. Quienes la toman, pierden por completo sus capacidades de rehabilitarse, y quedan estigmatizados de por vida. Además, suelen tener más tendencia de morir que aquellos enfermos que no la consumen. Sin embargo, ante la presión mediática y civil, cada vez más médicos la recetan sin convencerse de lo que están haciendo. De modo tal que aquellos que no lo hacen, quedan mucho más en evidencia.

Claro, aquellos que entienden al respecto, saben que contra el sida no hay cura, o al menos, no la hay en lo inmediato. Lo que hay son mecanismos de atenuación del dolor, o métodos alternativos que reducen la tendencia a portarlo, o bien medidas preventivas para que la gente no se enferme. No hay en definitiva, una píldora mágica que acabe con el prblema. Pero nada de ello es reflejado en el canal, al cual sólo le importa vender y generar pánico entre los televidentes. Por lo tanto, ningún especialista en serio es convocado a disertar en los programas, ni tampoco ocupa puestos de jerarquía en los organismos públicos que se encargan del asunto.

Ahora hagamos un ejercicio muy divertido. Imaginemos que el problema en lugar del ser el sida es la inseguridad urbana (4 o 5 delitos propios de la ciudad). El pseudo especialista es Blumberg, la víctima puede ser cualquiera de turno, y el periodista es Eduardo Feinmann. El enemigo, ya no es el homosexual, sino el joven morochito sin educación ni rumbo -porque no ha querido, por supuesto-, y posiblemente adicto a alguna sustancia tóxica. El otro sujeto peligroso no es el médico sino aquél juez que practica un "garantismo extraño", el que seguramente está sustentado en teorías criminológicas que tienen un reconocimiento mundial, pero que para estos periodistas se reducen a defender la delincuencia. La píldora que simula resolver el problema es la cárcel. Cara, inútil, obsoleta, y altamente selectiva.

El contenido puede mutar, pero la irresponsabilidad mediática, como se observa, es siempre la misma. Vaya coincidencia.